Cap. 01: Un despacho con vistas

Eran las cuatro menos veinte de la mañana. A esas horas el hospital estaba casi deshabitado, exceptuando los médicos de guardia y a algunos de los enfermeros. En la habitación 327 un hombre de mediana edad, rubio, con el pelo cortado al estilo militar, corpulento, alto, y con mirada macilenta, mantenía una conversación con la persona que estaba postrada en la cama mientras limpiaba nerviosamente los cristales de sus gafas de concha. Pero su interlocutor no respondía a sus preguntas, ni siquiera ponía interés en escuchar lo que éste le decía.

-Se que puedes oírme, aunque no lo demuestres. No podemos seguir de esta manera. Necesito que te recuperes, que vuelvas a mi lado. Yo no puedo mantener mi trabajo, la casa y estar aquí todos los días. Llevo dos meses de baja psicológica, porque me dijeron el comisario y el inspector que no era conveniente que trabajase, que debía estar atento de ti. Pero los doctores dicen que no hay solución. Llevas medio año en coma y no has dado ni siquiera un pequeño síntoma de mejoría. Tienes que despertarte, te necesito. Se que no debería haberte dado de lado con el tema de mi compañera, pero es algo difícil de explicar. No se trataba ni de ti ni de ella; yo soy el problema. Necesitaba apartarme un poco de la rutina- el hombre se pasó un pañuelo blanco de tela por la cara-. Mi trabajo me tenía desbordado por culpa del loco ese, y tú siempre estabas en el juzgado. Estaba cansado de llegar a casa y encontrarla vacía, o verte dormida en la cama. Necesito que te recuperes pronto para hablar de esto e intentar hacer algo. No quiero perderte.

Tocaron a la puerta de la habitación y un hombre de edad avanzada, de pelo canoso pero luciendo una corta melena con grandes entradas y ataviado con una bata blanca entró en la habitación y se situó justo detrás de la cama, a la altura de los pies de su ocupante.

-Es muy tarde para que siga usted aquí, señor. Pero ya que estamos los dos le comunicaré algo que me hubiera gustado decirle mañana a unas horas menos intempestivas tras haber concertado una cita como dios manda.

-¿Es referente a mi esposa, doctor? -preguntó mientras se incorporaba del desgastado sofá donde había pasado tantas horas y había dormitado tantas noches. A pesar de encontrarse en una época tan fría y aunque en el hospital hacía una temperatura agradable, estaba sudando. Su estomago parecía un hervidero de hormigas o algún bicho parecido. Su esposa estaba muy mal desde hacía bastante tiempo, y esperaba ansioso algún cambio o algún tipo de mejoría de cualquier clase. Se puso sus gafas de montura abierta nerviosamente y se las ajusto con el dedo índice mientras miraba fijamente al médico.

-Me temo que si, por desgracia. Las últimas pruebas a las que hemos sometido a su mujer nos han desvelado algo que no nos da muchas esperanzas a que llegue a despertar jamás.

-¿Qué clase de pruebas? -preguntó mientras, inconscientemente, retorcía el pañuelo con el que había limpiado los cristales, a causa de los nervios.

-Siento tener que decirle esto, pero su mujer posee un cáncer que ha ido desarrollandose peligrosamente. El cáncer se podría extirpar con secuelas mínimas para el enfermo debido a que no se encuentra en un estado avanzado que resultase peligroso, pero el problema es que no se puede operar a un paciente en un estado de coma tan severo como el de su esposa.

-¿Que es lo que podemos hacer, doctor? -preguntó el detective en apenas un susurro debido al nudo que tenia en la garganta tras haber recibido la noticia.

-Solo nos queda rezar para que despierte del coma antes de que el cáncer se extienda por completo y sea totalmente irreversible. La metástasis es muy común cuando no se trata el tumor a tiempo.

-Entonces, no hay nada que se pueda hacer por ahora ¿verdad? ¿Podría ayudar en algo? Necesito sentirme de utilidad, y más en estos momentos tan duros para los dos.

-Su esposa estaría muy contenta si supiera que esta con ella, pero no puede saberlo, por lo cual, le recomiendo que intente recuperar su vida social, o incluso, puede intentar reintegrarse en su trabajo.

-Nos encontrábamos en un momento muy duro de nuestro matrimonio y estaba todo muy difícil entre los dos. Esta situación –ladeó la cabeza hacia su esposa postrada en la cama-, me ha servido para comprender y encauzar mis prioridades, y darme cuenta de que la necesito a mi lado. No quiero que despierte y no me encuentre.

-Lo entiendo muy bien Eloy, yo mismo pasé por una situación parecida, pero no se preocupe por nada, si su esposa despertase y usted no se encontrase aquí con ella, yo me encargaré de hacerle saber que ha estado aquí mucho tiempo, incluso podría decirle que le he echado a la calle yo mismo, ya que en parte es lo que estoy haciendo ¿no? –El doctor sonrió a Eloy, el cual se sintió algo más aliviado-. No se preocupe por nada hombre, se lo digo de verdad.

-De acuerdo doctor, pero lo que usted no entiende es lo que yo siento ahora mismo por dentro. La culpabilidad y el miedo a perderla se me hace insoportable.

-Entiendo como debe de sentirse al poder perder a una persona a la que quiere, pero eso no es motivo para que usted permanezca todo el día aquí encerrado. Ahí afuera sigue existiendo un mundo entero que espera a personas como usted.

-Lo sé doctor, pero es que ya la perdí una vez por no saber demostrarle lo que siento por ella, y ahora no puedo permitirme volver a perderla.

-Por eso no se preocupe, hombre –volvió a sonreír el doctor-. Mientras su esposa esté aquí no le va a faltar atención de ninguna clase.

-De acuerdo doctor, lo intentaré. Vengo diariamente a ver a mi mujer, pero creo que lo mejor será salir un poco de este hospital y respirar aire fresco –exclamó tendiéndole la mano al doctor y estrechándosela-. Muchas gracias por todo.

-No tiene porque dármelas, es mi trabajo. Ahora váyase a casa e intente descansar, que el sillón de un hospital no es el mejor sitio para pasar la noche.

-Lo se doctor. Cuando caiga en la cama creo que me quedaré una semana entero durmiendo.

Los dos hombres salieron de la habitación conversando, dejando a la mujer en la cama, conectada a decenas de tubos y cables que la mantenían artificialmente con vida.

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