Reto literario LiterUp Nº 05: Más allá del muro

Reto 05 de LiterUp: Usa la frase: “En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos” para hacer una composición creativa.

En el oeste se encontraban las ciudades de los muertos, un lugar oscuro y maldito; por eso se levantó el muro que nos separaba.

Los más ancianos contaban que aquel lugar, antaño, fue hermoso, pero por algún motivo que nunca llegó a saberse, acabó corrupto. Dejaron de crecer las cosechas, los lagos se secaron y los animales acabaron muriendo; con los años pasaron a ser ruinas desiertas y la sombra de lo que en su día fueron.

-Neko, deberíamos volver…

Se giró y me clavó la mirada. Sus ojos azules me observaban de arriba a abajo, con una mezcla de ternura y sorpresa.

—¿Tienes miedo Laila? —me preguntó.

Me ruboricé, pues no quería demostrarle que no era tan valiente como él, pero debió de notar que me ponía colorada, pues se echó a reír. Se giró y siguió caminando entre la maleza. Por unos segundos no sabía qué hacer, si quedarme junto al muro o seguirle. Sabía que él iba a explorar aquello y si no le acompañaba, me quedaría sola. Tenía que ir con él. Decidí hacer caso a mis pensamientos y comenzar a caminar detrás de él.

Tenía claro que muchos pensarían, cuando contase esta aventura más adelante, que lo hacía porque me gustaba, pero no era así. Neko y yo llevábamos juntos desde que nacimos y nuestra relación iba más allá de la atracción física o sexual. Era un joven atractivo, pero no lo veía como al resto de chicos, más bien como a mi hermano. Por desgracia, me trataba como a su hermana pequeña, a pesar de ser dos años mayor que él.

—Venga Laila, el día es corto y quiero poder avanzar algo más.

Siempre estaba con las prisas, así que, por no seguir escuchando sus apremies, aceleré el paso hasta ponerme a su altura. Seguimos caminando por el sendero que habíamos ido preparando días atrás. Nos había costado horrores, pues la maleza crecía salvaje por toda la base del muro. Según contaban en la aldea, este llevaba construido siglos, el mismo tiempo que hacía que nadie se acercaba a él desde el exterior. Más que nada, porque al otro lado solo estaban las ciudades del oeste, y allí no quedaba nada.

—¿Crees que hoy llegaremos? —pregunté a Neko, quien iba pendiente de un pequeño mapa.

—Estoy seguro de que sí. —Sus ojos brillaban, esperanzados—. Según esto, no estamos a más que un par de horas, y lo difícil ya lo tenemos hecho.

Por lo difícil se refería, sin duda, a abrir un camino entra la maleza. La verdad que atravesar el muro fue mucho más sencillo de lo que esperábamos. Demasiado sencillo para los supuestos horrores que había al otro lado.

—¿Qué crees que encontraremos al llegar? —pregunté de nuevo.

Una sonrisa se dibujó en su rostro y los ojos volvieron a brillarle.

—No lo sé, pero estoy seguro de que será algo increíble. —Guardó el mapa en el bolsillo de la chaqueta y me cogió de la mano—. Seremos los primeros en explorar las ciudades de los muertos.

Siendo sinceros, tengo que decir que la idea de ser la primera en algo me llenaba de ilusión, pero por otro lado… estaba bastante asustada. En la aldea siempre se había dicho que las ciudades estaban malditas, que lo habían estado siempre y que el muro se construyó para protegernos de esa maldición. Nunca se hablaba de si alguien había ido a explorarlas alguna vez, o si se conocía algo sobre ellas aparte de la leyenda.

Pero el día en que encontré la grieta en el muro… Por un lado sabía que me debía haber callado aquel descubrimiento. Pero el afán de Neko por esas leyendas y la curiosidad que ambos teníamos, me impidieron guardar el secreto.

Recuerdo que nunca me había parado a contemplar el muro, aún pasando todos los días por delante cuando iba a buscar a Neko. Pero ese día hacía tanto aire que, al pasar por una de las zonas alejadas de la aldea, noté el silbido del viento saliendo del muro. Me pareció tan extraño que me acerqué a ver de dónde provenía. Había un pequeño montículo de rocas y bastante vegetación, sobretodo hiedra que trepaba buscando el sol, lo cual era normal en todo el muro. Pero el viento volvió a soplar y vi ciertas hojas moverse. Solo tuve que escarbar un poco y la grieta apareció tras el follaje.

Esa misma tarde se lo dije y, juntos, tras apartar las rocas que tapaban la grieta, nos adentramos en ella, a escondidas de los adultos. Era oscura y profunda, así que decidimos volver a la mañana siguiente con algo de luz para investigar. Colocamos de nuevo las rocas tapando la entrada y con las hojas, puestas por encima, camuflamos que se hubiese estado escarbando. Cuando comprobamos que estaba de nuevo bien oculto, nos marchamos. El día siguiente fue cuando, con la ayuda de las antorchas, encontramos el mapa entre unas piedras, dentro de la grieta. Avanzamos por ella hasta llegar a un muro de vegetación en el exterior del otro lado y, de esa manera, llegamos  hasta aquí.

—¿Estás asustada? —preguntó Neko— ¿Te crees de verdad esas leyendas?

El corazón me latía a mil y tenía las manos empapadas en sudor en esos momentos, aunque negué con la cabeza.

—Más bien nerviosa. Entre que vamos a un sitio prohibido, y las leyendas que cuentan, me preocupa que nos pase algo.

—No te ralles Laila, son solo leyendas.

Sabía que toda leyenda siempre tiene algo de verdad, y el muro me confirmaba ese pensamiento.

—Ya lo se…

Llegamos al tramo donde nos habíamos quedado el día anterior; el follaje de las plantas levantaba una pared frente a nosotros y nos impedía seguir avanzando. Neko sacó el machete y yo hice lo mismo. Comenzamos a cortar ramas para seguir abriendo camino. Tras un rato de poda, ya estábamos agotados. Llevábamos toda la semana igual y aquel bosque parecía no acabarse nunca.

—¿Crees que quedará mucho para llegar a las ciudades? —pregunté mientras seguía dando tajos con el machete.

—La verdad, no lo sé. Según este mapa, ya deberíamos haber llegado.

No tenía claro que fiarnos de un mapa encontrado bajo unas rocas en el interior de un muro fuese un buen plan, pero era lo que teníamos. Así que preferí dejar a un lado mis pensamientos y seguir abriéndome paso por la espesura.

No sabría decir cuánto tiempo llevaríamos cortando maleza, pero tenía claro que varias horas. No quedaba mucho para retomar el camino de vuelta, por el tiempo que quedaba hasta anochecer, cuando noté que la maleza cambiaba. Tras un tajo del machete para quitar unas hojas de palma que cubrían el camino, un polvillo negro cubrió el aire delante mía; era como tierra, o arena, pero de color negruzco. En un principio no le di mayor importancia, hasta que empezamos a ver que estaba en todas las plantas según íbamos avanzando.

—Neko…

—También lo he visto. Creo que estamos cerca —murmuró.

Tras unos minutos de avance, en los que el color de las plantas iba tornándose por completo negro, llegamos a nuestro destino; lo supe en cuanto lo vi. Algo en mi interior me decía que no se trataba de una buena idea. La vegetación pasó de ser negra, a dejar de existir y mostrarnos las ciudades del oeste.

Ante nosotros se erigían unas estructuras gigantescas, rodeadas de todo tipo de pequeñas construcciones. El suelo frente a nosotros dejó de ser arenoso para convertirse en algo duro, negro. Había caminos de ese extraño material, cientos de caminos. Todos eran rectos y bordeaban las estructuras, cruzándose en distintos puntos.

—Neko, ¿esto son las ciudades del oeste? —pregunté mirándolo.

Su rostro ya no se veía tan feliz. Sus ojos habían dejado de brillar ante la ilusión de encontrar las ciudades legendarias.

—No estoy seguro de que sea esto —contestó—. No sé, esperaba algo mas… como nuestra aldea.

Volví a mirar al frente. Era cierto que no se parecía para nada a nuestro hogar, construido en los árboles a base de cañas, troncos y ramas, pero quizás fuera el sitio indicado por las leyendas. Levanté la vista, siguiendo una de las estructuras que se alzaban hacia el cielo.

—Esas estructuras son enormes, más altas que el muro —comenté.

—Creo que los llamaban edificios. Las leyendas dicen que eran hogares de los que aquí habitaban, antes de la maldición.

Me fijé en las sombras que proyectaba el sol y comprendí que se estaba haciendo tarde.

—Neko deberíamos volver, no tardará en oscurecer.

Me asombró ver cómo negaba con la cabeza; pensé que se había vuelto loco. Soltó mi mano y comenzó a acercarse a la ciudad aquella. Cuando llegó a la zona donde el suelo a modo de camino se volvía negro, empezó a examinarlo con su machete.

—La superficie es dura —dijo—. Podemos caminar sin preocuparnos.

Empezó a alejarse por aquel camino y me preocupó quedarme sola en un lugar tan extraño. Así que me puse a andar detrás de él. Mis ojos pasaban de estructura a estructura, maravillada por las formas y la altura de las mismas. Me extrañaba bastante que todo se viese apagado. No me refiero a que faltase iluminación, sino los colores. Distintos tonos de grises eran los que pintaban aquel lugar; sin contar las manchas oscuras que salpicaban todo, como si se tratase del moho que veíamos crecer en los árboles, pero de color negro.

—¿Notas ese olor? —me preguntó Neko cuando logré situarme a su altura.

Estaba tan maravillada viendo las construcciones aquellas que no había caído en que nos envolvía un fuerte olor amargo. No era algo exagerado, pero sí que resultaba incómodo.

—Huele como a huevos podridos…

La luz del sol cada vez era menor.

—Neko, está empezando a caer el sol, deberíamos volver ya a la aldea.

—Enseguida —contestó mientras se acercaba a una de las estructuras que se erigían hacia el cielo—. Aquí hay una abertura, parece una especie de puerta abierta.

Me acerqué y vi que tenía razón, eran parecidas a nuestras puertas de caña, pero de un material extraño. Acerqué la mano y toqué la superficie, estaba fría y era lisa. Los dedos se me llenaron de polvo negro. Por unos instantes me quedé mirando las manchas y luego me acerqué los dedos a la nariz. Retiré la cara enseguida evitando una arcada. El olor a huevos podridos provenía del polvo. Levanté la vista y vi a Neko mirándome y sonriendo.

—¿Huele bien? —preguntó mientras aguantaba la risa.

No me molesté en contestarle. Me limpié los dedos en el pantalón y me adentré en la estructura con él. Sacamos las dos antorchas de mi mochila y las encendimos. Dentro de aquel sitio todo estaba muy oscuro. Pero la luz de las antorchas no iluminaba lo que debería, o eso parecía; era como si las paredes o las manchas oscuras que había en ellas, absorbiesen la luz.

—Neko, no me gusta esto, deberíamos irnos ya.

De nuevo volvió a ignorarme mientras caminaba por el interior del edificio. El suelo y las paredes estaban cubiertas por completo del extraño moho negro que habíamos visto al llegar. Cada paso que dábamos levantaba una pequeña nube que se pegaba a nuestra ropa y hacía que el olor a podrido nos llegase a oleadas.

Las paredes tenían una especie de puertas cada ciertos pasos, y todas tenían unos símbolos grabados sobre ellas, distintos en cada una, aunque algunos se repetían.

—¿Habías visto estos símbolos antes? —preguntó Neko mientras acercaba la antorcha a una de las puertas.

—La verdad es que no; tienen un aire a los que usamos nosotros, pero no son iguales —contesté examinándolos—. Podría tratarse de algún tipo de alfabeto antiguo.

Seguimos avanzando, mirando a ambos lados del pasillo, intrigados por saber que era aquello que nos rodeaba. Miraba al techo que nos cubría cuando me tropecé con Neko.

—¿Por qué te paras? —pregunté.

Neko señaló con la antorcha una abertura que había en la pared, frente a nosotros.

—Hay unas escaleras…

—No quiero subir —contesté antes de morderme la lengua.

Llevaba un tiempo asustada e intentaba que no se me notara demasiado, al fin y al cabo, yo era mayor que Neko. Pero las palabras salieron solas, sin poder hacer nada por evitarlo.

—¿Tienes miedo? —preguntó girándose hacia mí.

Asentí con la cabeza.

—No sé si estará maldita o no, si de verdad los muertos caminan por esta ciudad, pero no quiero saberlo —contesté.

Neko se volvió para mirar las escaleras y de nuevo se giró hacia mí.

—Espérame fuera, no tardaré —dijo antes de meterse por la abertura y dejarme sola en aquel sitio.

Sin decir nada me dí la vuelta y comencé a desandar el camino hasta llegar de nuevo al exterior de la estructura. Conocía de sobra a Neko y sabía que nada de lo que dijera le haría cambiar de opinión. Su curiosidad era infinita.

Fuera, el sol había caído mucho y ya no daba tiempo a llegar antes del anochecer a la aldea. Ahora tocaría explicar donde habíamos estado, porque llegábamos tan tarde y demás preguntas de nuestros padres.

Me giré y observé el edificio. Sin duda era más alto que el muro, muchísimo más alto, y eso que este podría tener la altura de treinta hombres. Era algo precioso, a pesar de los colores. No sabía qué o quién había construido eso, o si era obra de la naturaleza, pero era majestuoso.

Una ráfaga de aire apagó la antorcha y un fuerte olor a podrido me envolvió. Era tan intenso que acabé vomitando en el suelo. Volví a encender la antorcha y me miré las botas, preocupada por haberlas manchado al vomitar. Estaban negras del polvo que íbamos levantando al caminar. Pero lo que me asustó, fue ver como mi propio vómito empezaba a hacerse negro. Acerqué la antorcha, curiosa, y vi como esa especie de hongos lo recubrían desde el exterior. Era hipnótico ver cómo iban avanzando, despacio, hacia el centro. Un sonido extraño me sacó de mis pensamientos.

Era una especie de zumbido agudo que provenía de una de las estructuras situadas al final del camino donde me encontraba. Me quedé mirando hacia allí, con los últimos rayos desapareciendo. Una sombra negra, enorme, lo cubría todo y parecía avanzar hacia mí. Me froté los ojos con la manga de la chaqueta y volví a mirar. No lo había imaginado, era como si la más absoluta oscuridad hubiese cubierto la ciudad, y avanzase hacia mí.

—Neko… ¡Neko! —grité casi sin voz por los nervios.

La sombra estaba aún bastante lejos, así que me asomé al interior del edificio.

—¡Neko! —chillé de nuevo— Tienes que salir ahora mismo, tenemos que irnos.

No hubo respuesta. Volví a asomarme fuera del edificio y comprobé que la sombra había avanzado bastante, por lo menos un par de estructuras. En ese momento no tenía claro que hacer.

—¡Neko! —volví a gritar, pero nadie contestó.

Me alejé de la entrada sin quitarle ojo a la extraña oscuridad que se acercaba. Por un momento, me pareció ver algo moviéndose en su interior. El olor a podrido cada vez era más fuerte y las nauseas volvían a aparecer.

Mi instinto me decía que echase a correr, pero Neko seguía dentro de aquella estructura y no contestaba a mis gritos; y la oscuridad cada vez estaba más cerca. Ahora podía verla mejor y tenía claro que había formas moviéndose en su interior, como si tuviese vida. Las piernas comenzaron a temblarme.

Pensaba que si me quedaba moriría; esa idea había inundado mi mente y no me dejaba razonar. Por una vez hice caso a mi instinto y eché a correr. Las lágrimas comenzaron a resbalar por mi cara cuando pensé en Neko. Cuando giré la cabeza, la sombra ya había llegado hasta la estructura donde había entrado minutos antes y estaba a punto de alcanzar la puerta.

Entonces vi a Neko salir del edificio, con la antorcha en alto. Tenía cara de preocupado y estaba cubierto por el polvo negro que manchaba todo aquel sitio.

—¡Neko, corre! —grité entre lágrimas.

Me oyó y se giró, buscándome con la mirada. Sonrió al verme y me saludó con la antorcha. Comenzó a andar cuando la cara se le transformó. Con los ojos empapados en lágrimas vi como vomitaba, lo más probable que por el olor que me había hecho vomitar a mí.

—¡Corre! —volví a gritar.

La sombra se encontraba a pocos pasos de él. Cuando Neko se giró hacia ella, gritó, y entonces desapareció en la oscuridad. La luz de la antorcha se extinguió en décimas de segundo. Volví a llorar. Salí corriendo y tropecé, cayendo al suelo y lastimándome las rodillas; las lágrimas apenas me dejaban ver por dónde iba.

Me levanté como pude y seguí corriendo, hasta que el extraño suelo negro se terminó y volví a caminar sobre la tierra a la que tan acostumbrada estaba. Me giré y vi como la oscuridad había ido ganando terreno; se encontraba a pocos pasos de mi. Eché a correr de nuevo hacia la maleza, entrando por el hueco que Neko y yo habíamos abierto ese mismo día. El pecho comenzaba a arderme por el esfuerzo. Mi mente me gritaba que no parase de correr, que no mirase atrás.

Llegué al muro poco antes de que la antorcha se consumiese y tuve que atravesar la mitad del mismo a ciegas. Al fondo se veía una luz que oscilaba sobre las paredes a mi alrededor. Cuando salí de la grieta, gran parte de los hombres de la aldea estaban allí, con antorchas y lanzas, iluminándome. El esfuerzo de la carrera y el pánico me impedían hablar, así que comencé a llorar.

Entre lagrimas, vi a mi padre con el resto de hombres y me acerqué a él, buscando su consuelo; pero se retiró y algunos de los que había allí me apuntaron con sus lanzas.

—¡Maldita!, aléjate —dijo.

Por un instante, me quedé congelada. Mi padre se había retirado de mí y me había llamado maldita.

Las lanzas me obligaron a retroceder, pegándome al muro.

—Has estado en las ciudades de los muertos, estas maldita.

Una de las antorchas se me acercó, iluminando mi ropa, mostrando el polvo negro que me recubría casi por completo.

—Lleva la oscuridad consigo, hay que desterrarla.

—Papá… —Las lágrimas apenas me dejaban ver.

Las lanzas volvieron a empujarme, algunas incluso se me clavaron en distintas partes del cuerpo, haciéndome sangrar. Me obligaban a retroceder, hacia el muro.

Ya estaba dentro de la grieta, pero seguían empujándome con las lanzas. Con la leve luz de las antorchas de afuera, pude ver cómo iban amontonando rocas para tapar el hueco por donde Neko y yo habíamos estado saliendo estos días.

—Papá, por favor… no me dejes aquí —sollocé.

No hubo respuesta y poco a poco la luz de las antorchas iba desapareciendo, mientras la pared de roca tapaba la entrada. Las pocas lanzas que quedaban amenazándome se retiraron y la luz dejó de entrar. La oscuridad me rodeaba. Palpé la pared, intentando encontrar otra salida que no fuese hacia la maleza, o localizar el muro de rocas para intentar tirarlo, pero no logré más que lastimarme los dedos. Me senté en el suelo y rompí a llorar de nuevo. Ya solo podía esperar que aquella sombra llegase y reunirme con Neko.

Nuestro “compañero de tinta” Piper Valca ha creado un texto paralelo basándose en este relato, a modo de continuación. Os recomiendo encarecidamente que paséis a leerlo, pues merece mucho la pena. Lo podéis encontrar AQUÍ.

 

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14 comentarios sobre “Reto literario LiterUp Nº 05: Más allá del muro

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  1. Casi no lo leo porque el link,por alguna extraña razón, no me dejaba acceder desde el móvil xD
    Tenías razón, es un relato extenso. Y lo cierto es que creo que se merece más. Piénsate el alargarlo. Creo que podrías tener al menos una novela corta rondándote por aquí 🙂

    Le gusta a 2 personas

    1. Gracias por pasarte a pesar de los problemas. La verdad que no eres la primera que me comenta que puedo sacar más del tema, así que quizás me plantee ampliarla, aunque no es género ni tiempo verbal que me haga sentir cómodo. Pero no lo descarto 😄

      Le gusta a 2 personas

  2. Coincido con los comentarios que dicen que la historia atrapa y también con los que señalan que esto da para mucho más. Yo me quedé con ganas de saber más de esa oscuridad y sobre la ciudad maldita de los muertos. Es que lo has montado de tal forma que no sabes qué esperar y eso me encanta.

    Saludos 😉

    Le gusta a 2 personas

  3. Yo vengo a hacer una “crítica” constructiva.
    Primero de todo, felicidades, me ha gustado mucho 😉

    Ahora, la “crítica”.
    Me ha gustado mucho el final, supongo que, porque está en primera persona y los sentimientos se expresan muy bien, pero el principio del relato, que te pone en situación y describe un escenario me hace pensar si deberías pasarlo a un narrador omnisciente para poder jugar mucho más con el lenguaje y poner más metáforas, ya que al narrártelo el personaje no queda bien que te haga florituras con el lenguaje, queda muy intimista y con menos acción y movimiento. Esto es, obviamente, tu decisión, ya te digo, el final queda explosivo en primera persona pero el escenario queda más tibio. Depende de a lo que quieras dar más peso.

    Luego, he visto esta frase “Me fijé en las sombras que proyectaba el sol y comprendí que se estaba haciendo tarde” > Lo que proyectan sombras son los objetos.

    En cuanto a alargarlo, claro que puedes, de hecho te animo. Me gustaría ver más acción. Me parece muy buena idea.

    >Gracias por intercalar imágenes. Ha quedado muy bien.

    ¡Espero que en los siguientes retos vaya a mejor! 😉

    Le gusta a 2 personas

    1. Muchas gracias por comentar y por la crítica.
      El tema del narrador ha sido un poco experimento. No recuerdo cómo surgió la idea de escribirlo en primera, pero no es mi tiempo verbal favorito. De hecho, creo que será el primer texto que tengo con ese narrador.
      Si que es cierto que tiene algunos fallos de lenguaje, el que comentas de las sombras es uno de ellos, aunque yo he visto alguno más que ya corregí ayer 😄
      En cuanto a ampliarlo, tengo algunas ideas, unas me gustan más otras menos, pero depende del tiempo que saque para ello. Ahora con la reescritura de El poder del nigromante, está jodido.
      Me alegro que te haya gustado.

      Le gusta a 2 personas

  4. Hola, R.
    Es toda una gran aventura. Tu relato me recuerda a esas grandes películas como “Indiana Jones and the Temple of Doom” y “romancing the stone” Me atrapó la trama desde el comienzo. He vivido la zozobra de Laila al Neko desaparecer y quedarse sola. El final me ha impactado. Me a gustado tanto que también te animo a dar continuación, ya que lo dejas, digamos en suspenso? Me gustaria saber que pasara con la chica. Mi humilde comentario. Buenas noches.

    Le gusta a 3 personas

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